Antes de partir al hospital, cogió energía comiendo un contundente arross amb fessols i naps, y acompañada de su familia se aventuró en su recta final del embarazo.
Tras una tarde muy movida en la que se cantaron bulerías, se gritaron improperios dirigidos al personal sanitario. Y tras muchos chillidos...nació a las 9:04 de la noche una sirena redonda, preciosa y perfecta.
No podía dejar de mirarla...y ahí descubrí el amor. O más bien lo redescubrí. Entendí a mis padres como nunca lo había hecho antes. Y supe lo que duele ver a un hijo sufrir, lo que calma al verlo descansar...lo que es sin duda el secreto de la vida.
Ese 12 de diciembre nació mi sirenita, y también nació su mamá.